José Tejera Mathieu Psiquiatra Psicoterapeuta
Mi biografía cultural y el origen de una vocación
Nací en Santiago de Veraguas y crecí en La Mesa, un pequeño pueblo de esa provincia, con hondas raíces culturales, musicales y religiosas. Provengo de una familia de educadores formados en el espíritu de la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena. Desde muy temprano fui criado en un ambiente donde el conocimiento no era una obligación, sino una forma natural de habitar el mundo: entre libros, cantos, disciplina y la convicción de que la educación puede modelar el destino de una persona.

Mi primer despertar hacia la ciencia ocurrió a los diez años, cuando en mi escuela primaria, José Muñoz M., fue inaugurado el Laboratorio de Ciencias. Su primer maestro fue mi padre, el Profesor Rómulo Tejera Medina. Mi madre, la maestra Yolanda Mathieu de Tejera, había sido ya, literalmente, mi primera educadora: me enseñó a leer y a escribir. Ambos fueron pilares de mi formación intelectual y espiritual. De ellos heredé el amor por la educación, la guitarra, la religión católica, la filosofía, la geografía, la historia y la literatura.
A ese universo de influencias se sumó mi primo hermano Antonio Tejera Mathieu, quien tempranamente me abrió las puertas hacia escritores universales enriqueciendo mi desarrollo intelectual. Poco después, siendo aún preadolescente, mi padre adquirió la Enciclopedia Barsa. Aquella colección fue una inversión extraordinaria y, para mí, una revelación. Antes de terminar primaria la había leído completamente. Recuerdo el impacto de ver en el interior de sus ilustraciones, por primera vez, imágenes del cuerpo humano: órganos, sistemas, la arquitectura secreta de la vida. Mi mente infantil aún no podía formular una vocación, pero sí una afirmación decisiva: quiero saber más sobre eso. En aquellos años, esa enciclopedia fue, para nuestro pueblo, una suerte de Wikipedia anticipada.
Me gradué con puesto de honor en primaria, y desde allí comenzó otra historia.
El salto hacia la Medicina
A los trece años di mi primer gran salto cuántico al trasladarme a Panamá para cursar la secundaria en el Colegio San Agustín, donde ya se habían graduado mis hermanos mayores y estudiaba Antonio, mi primo. Aquella decisión fue posible gracias al impulso de otra figura inspiradora y de profunda influencia positiva en nuestra familia: el padre español Antonio Fernández de Aranguiz (q.e.p.d.), párroco de la iglesia de San Marcelo de La Mesa.
Todo ese caudal de lecturas y experiencias acumuladas durante la niñez me permitió vivir una adolescencia académicamente muy exitosa. Me gradué con honores del San Agustín e ingresé de manera expedita a la Facultad de Medicina de la Universidad de Panamá. Este fue otro período intenso, lleno de aprendizajes y consolidación de un ideal: ayudar a muchas personas. En la universidad, tanto como en la secundaria, también tuve la fortuna de compartir con una generación extraordinaria de compañeros, un entorno humano que me enriqueció profundamente, alimentando siempre el deseo de ser un profesional para ayudar a otros.
Dentro de mi promoción de Medicina fui uno de los pocos que manifestó un interés particular por la Psiquiatría. Sin saberlo del todo, esa vocación ya había comenzado a insinuarse desde la adolescencia, cuando tuve mis primeros acercamientos a textos relacionados con el pensamiento freudiano. Había en ello algo muy interesante: la idea que debajo de la conducta visible existía otra geografía, una cartografía escondida hecha de deseos, temores, defensas, recuerdos y símbolos. Aquel universo me atrajo antes de poder comprenderlo en toda su profundidad. La ciencia, la historia, la filosofía y la música se integraron también, desde entonces, a mis grandes centros de interés.
Durante esos años aparecieron otras figuras inspiradoras. Una de ellas fue mi tío Telémaco Trujillo Barrios, primo de mi padre, con raíces mesanas y destacado Médico Pediatra del Hospital del Niño. Mi lugar favorito de su casa era su estudio-biblioteca, repleto de libros de medicina, historia y arte. Aquella biblioteca representaba, para mí, una promesa de futuro. Él influyó profundamente en mi decisión de estudiar Medicina.
Otra persona determinante fue uno de los hermanos de mi madre, el Doctor Néstor Enrique Mathieu, mi querido Tío Quique, ya fallecido: Maestro, Profesor de Historia y Geografía, Sociólogo y Doctor en Sociología, especializado en Roma, Italia. Escuchar sus historias y contemplar la magnitud de sus logros profesionales, siendo oriundos de La Mesa de Veraguas, me resultaba profundamente inspirador. También tenía una gran biblioteca. Cada visita a su casa me dejaba la misma pregunta: ¿cuándo podré leer todos esos libros? Más tarde, esa pregunta se transformó en una certeza: algún día tendré una biblioteca como esa.
Con ese tejido de influencias, lecturas, alter egos y deseos, terminé exitosamente la carrera de Medicina en la Universidad de Panamá.
El inicio de la Psiquiatría: una vocación temprana
Desde mis años de adolescente ya leía sobre teorías psicoanalíticas, lo más famosos filósofos griegos y grandes escritores como José Ingenieros, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Marquez y Rubén Darío, San Agustín, Viktor Frankl, Eric Fromm, todo ello, sumado a mi interés por la ciencia, abrió en mí una pregunta decisiva: ¿existe una disciplina capaz de ir más allá del cuerpo para estudiar el pensamiento, la personalidad, la conducta, las emociones y la mente? La respuesta fue: la Psiquiatría.
Por eso mi deseo de dedicarme a esta especialidad surgió muy temprano, prácticamente antes de estudiar Medicina. Esa motivación me llevó a esforzarme por ser el mejor estudiante en las materias afines a la especialidad. Lo logré. Sin embargo, al momento de mi graduación no recibí el Premio de Psiquiatría Dr. Gorriz, algo que, según me habían advertido, ya había ocurrido en otras ocasiones. Aprendí entonces que, en la ciencia y en la vida, no siempre se recompensa primero al más apasionado, pero la vocación auténtica no depende de los galardones. Aquella ausencia de reconocimiento, lejos de desanimarme, se convirtió en mi mayor motivación que alimentó en mí el propósito de convertirme, algún día, en uno de los mejores psiquiatras de mi país.
La experiencia que terminó de sellar ese llamado ocurrió en el cuarto año de Medicina. Debíamos realizar la rotación de Psiquiatría en la sala del Seguro Social, pero, por remodelación, fuimos enviados al Hospital Psiquiátrico Nacional, hoy Instituto Nacional de Salud Mental. Al principio lamenté el cambio. No imaginaba que allí se escondía una de las serendipias más decisivas de mi existencia.
En medio de aquel hospital, todavía de corte manicomial, ocurrió la magia: conocí al Doctor Arnoldo Read. Después de ver pacientes, elaborar historias clínicas y discutir diagnósticos, nos llevaron a un salón de conferencias donde él impartió clases sobre La Mente, el Origen de las Enfermedades Mentales y cómo se formaba la Personalidad. No exagero si digo que aquellas fueron las mejores y más interesantes clases de Psiquiatría que recibí en toda la carrera de Medicina. Su palabra tenía el especial poder de unir observación clínica, profundidad teórica y comprensión humana. Con él entendí que la Psiquiatría era, al mismo tiempo, una especialidad de la Medicina, una ciencia del comportamiento y una exploración de la subjetividad. Fue allí donde mi vocación dejó de ser intuición para convertirse en certeza: iba a ser psiquiatra.
La adversidad como punto de inflexión
Al terminar la carrera regresé a Veraguas para unas breves vacaciones. Otra de mis grandes pasiones había sido el deporte, especialmente el fútbol. Jugué en selecciones infantiles, en el Colegio San Agustín, en la Facultad de Medicina e incluso en un equipo veragüense de segunda división. Pero en un partido sufrí una luxación completa de rótula que requirió reducción bajo anestesia y me dejó incapacitado durante meses. Perdí así la entrada al internado junto con mis compañeros de promoción.
Fue una época de dolor y frustración. Sin embargo, de aquella adversidad surgió otro giro favorable; durante la incapacidad inicié estudios de educación diversificada en la Facultad de Educación de la Universidad de Panamá. Sin saberlo entonces, esa formación pedagógica enriquecería más tarde mi práctica Psiquiátrica y Psicoterapéutica, mi capacidad docente y mi manera de acompañar a otros en sus procesos de transformación.
Como ingresé tarde al internado, también egresé tarde. Y entonces apareció otra de esas diosidencias que, vistas a la distancia, parecen adquirir un orden secreto. No pude presentar los exámenes para la residencia de Psiquiatría en la Caja de Seguro Social, donde originalmente deseaba especializarme. Ya para finales de 1989, mientras terminaba mi segundo año de internado en la región de Azuero, ocurrió la Invasión de Panamá, hecho que cambio la historia del país y dejó al Sistema de Salud en una situación muy compleja. Finalicé el internado y, de pronto, parecía no haber dónde hacer la residencia en Psiquiatría.
Trabajé cerca de seis meses como médico general, entre pequeñas clínicas con numerosos turnos, hasta que surgió una nueva oportunidad: se abrieron plazas en el Hospital Psiquiátrico Nacional. Fui el primero en inscribirme y enseguida, recordé al doctor Read. Todo el conocimiento acumulado desde la adolescencia, reforzado durante la carrera, se cristalizó ese día del examen y la entrevista. Éramos catorce aspirantes para cuatro plazas y logré obtener una de ellas.
El maestro y la expansión de la inspiración
Durante la residencia ocurrió el reencuentro providencial con el doctor Arnoldo Read, ahora como profesor de varios cursos, entre ellos uno que me acompañaría para siempre: la Psicoterapia. Recuerdo haberle dicho: “Quiero que me enseñe cómo se habla con el paciente, cómo saber lo que tiene y cómo es que uno realmente puede ayudarlo”. Esa pregunta, en el fondo, contenía buena parte de mi futura trayectoria.
Junto a él estudié durante casi treinta años: Teorías Psicoanalíticas, Psicodinámicas, Gestálticas, Análisis Transaccional, Bioenergética, Desarrollo Humano y aproximaciones vinculadas con la Física Cuántica. Junto a él y al doctor Juan José Tapia de Argentina, ya fallecido, ampliamos nuestros marcos de comprensión sobre la relación entre el Ser Humano y sus contextos vitales en lo que el Dr. Tapia denominó Ecología Humana. Todo ello enriqueció mi comprensión del mundo interno, de la Psiquiatría Clínica y del estudio de la Mente Humana.
Mi deseo de servir también me llevó a colaborar con fundaciones como Cristo Sana, La Voz Amiga, Un Mensaje al Corazón, Nutre Hogar, FANLYC, Fundación de Duelo Piero Rafael y Huellas de Ángel; porque la Psiquiatría, cuando es genuina, no termina en el consultorio; se debe prolongar a la escucha social, en el acompañamiento del dolor y en la dignificación del sufrimiento humano.
Más allá de la Psiquiatría: psicoterapia, docencia y desarrollo humano
Con el doctor Read, el aprendizaje nunca se detuvo. Nos reuníamos semanalmente para estudiar y conversar en un grupo privado de docencia que se mantuvo activo hasta su fallecimiento en el 2022. Además, desde mis años de residencia participé con él en dos grupos clínicos que dirigía en su Laboratorio de Salud Mental del Centro de Salud de Santa Ana. Aquella experiencia fue, en la práctica, una segunda residencia paralela. Allí atendíamos pacientes fuera del horario habitual hasta siete a ocho de la noche. También tuve la oportunidad de acompañarlo como asistente en sus clases para estudiantes de Psicología de la USMA.
Ese interés creciente por la Psicoterapia me llevó posteriormente al Instituto Internacional de Psicoterapia (IPI) de Washington, sede de Panamá, donde realicé cuatro años de formación en: Relaciones Objetales, Psicoterapia Psicoanalítica, Psicodinámica y Mentalización. Aquellos estudios ampliaron y profundizaron aún más mi marco clínico-teórico.
Pero mis intereses y mi creatividad siguieron creciendo. Al observar al doctor Read en sus presentaciones sobre Autoestima y Desarrollo Humano, más allá de la Psiquiatría Clásica, comencé a interesarme también por esa dimensión. Poco a poco fui entrando en un territorio que iba más allá de la Psiquiatría Clínica y de la Psicoterapia Tradicional.
Comencé a diseñar talleres sobre Autoestima, Análisis Transaccional, Manejo del Estrés, Conflictos Interpersonales, Inteligencia Emocional y Pirámide de Maslow. En 2005 fui invitado a un curso de Coaching y descubrí allí un nuevo lenguaje para trabajar el potencial humano. Me certifiqué en Coaching Ejecutivo Empresarial en la primera certificación latinoamericana de la International Coaching Community (ICC). Fue una experiencia intensa de meses de entrenamiento, estudio, talleres y lecturas, hasta llegar al examen final, que aprobé exitosamente.
Se me daba así otro campo de acción para trabajar con las personas. Entusiasmado, invité a un amigo, Roberto Bernal, a la segunda certificación, donde fui asistente; luego trabajamos en conjunto y posteriormente él se convirtió en entrenador. Poco a poco fui comprendiendo que, al integrar Psiquiatría, Psicoterapia y Coaching, estaba construyendo, como me decía Roberto, un modelo propio, útil tanto para pacientes como para ejecutivos y líderes: La Coaching-Terapia. Este modelo me ha permitido enriquecer los procesos psicoterapéuticos con herramientas del coaching, y los procesos de coaching ejecutivo y de vida con recursos provenientes de la psicoterapia.
La validación internacional de una intuición integradora
Mucho de lo examinado adquirió un nuevo sentido en el 2015, cuando Roberto, uno de mis primeros coachees, hoy destacado Coach Empresarial, me motivó a asistir al Congreso: Coaching in Leadership and Healthcare, de Harvard Medical School, ofrecido por McLean Hospital y el Institute of Coaching de Harvard. Allí viví otro momento de expansión intelectual.
Comprendí que muchas de las ideas y prácticas que yo venía desarrollando desde hacía años tenían un fundamento sólido y una proyección internacional. Los conferencistas eran: neurólogos, psicólogos, especialistas en salud física y mental, artistas, documentalistas, expertos en Inteligencia Emocional de la Universidad de Yale y otros profesionales de altísimo nivel académico. Todos compartían, desde diferentes campos, una visión convergente del Liderazgo, la Salud Mental, el Desarrollo Humano y el acompañamiento profesional en un área común: El Coaching. Comprendí entonces que mis búsquedas no eran dispersas: formaban parte de una misma arquitectura del cuidado, donde el conocimiento científico se pone al servicio de la transformación personal.
Aquella experiencia fortaleció mi convicción de que la Psiquiatría debía pensarse no solo como una especialidad médica, sino como una disciplina profundamente humana, integradora y transformadora.
La práctica actual y una obra en consolidación
Hoy cuento con treinta años de práctica privada como Psiquiatra Clínico, veinticinco años de trabajo en Psiquiatría Psicoterapéutica y más de veinte años como Coach Empresarial y de Vida. Estos tres roles los ejerzo en mi consulta privada de Town Center Costa del Este.
A lo largo de este tiempo he tenido la oportunidad de atender clínicamente a más de 50,000 personas; de acompañar en psicoterapia a más de 15,000; y de trabajar en procesos de coaching con alrededor de 12,000. Además, he desarrollado seminarios, talleres, conferencias y asesorías a nivel nacional e internacional para más de cien empresas.
En ese contexto diseñé el programa José Tejera Coaching, donde integré la Psiquiatría y la Psicoterapia con estudios en Programación Neurolingüística y Coaching de Vida de la International Coaching Community, Neurosemántica y Meta-Coaching de la International Society of Neuro-Semantics, así como Business Coaching y Everything DiSC® Workplace®, del International Coaching Institute. De esa síntesis surgió el Seminario-Taller: Coaching para la Autorrealización, con instrumentos y pruebas diseñados por mí y sustentados en una bibliografía de más de veinticinco autores, abordando el estudio de la Autoestima, la Inteligencia Emocional y la Pirámide de Maslow en contextos personales y profesionales. Este entrenamiento lo desarrollo desde 2016 y hasta la fecha ha tenido treinta y dos ediciones abiertas.
Al finalizar 2025 logré consolidar otra propuesta: la Conferencia-Taller: Cómo estar Feliz haciendo lo que hacemos: Autorrealización y Felicidad, una visión histórica y práctica sobre la importancia de la búsqueda de la autorrealización, el Ikigai y la felicidad en nuestra vida diaria. Este enfoque lo aplico tanto en procesos individuales con pacientes, coachees y en desarrollos de liderazgos empresariales. Para este año también tengo previsto presentar la segunda parte de Coaching para la Autorrealización: La Travesía del Ego al Ser: la Búsqueda de una Meta Trascendente.
Liderazgo gremial, docencia y producción académica
En los últimos años de mi carrera he tenido además la oportunidad de haber sido Presidente de la Sociedad Panameña de Psiquiatría y Miembro del Consejo Consultivo de la Asociación Centroamericana y del Caribe de Psiquiatría.
Actualmente soy Coordinador de la Sección de Psicoterapia del Comité de Docencia de la Asociación de Psiquiatras de América Latina (APAL). En el 2025 tuve la oportunidad de impartir, para más de trescientos psiquiatras y residentes de esta asociación, siete módulos de Neuropsicodinámica aplicada al Diagnóstico y Tratamiento Psicofarmacológico y Psicoterapéutico. Para este año lanzaremos, con el equipo, cuatro módulos sobre Fundamentos para la Aplicación de la Psicoterapia en la Práctica Clínica en Psiquiatría, y queremos presentar en el Congreso de APAL 2026 un Simposio de Neuropsicoanálisis.
También soy fundador y directivo de la Asociación de Psiconeuroinmunoendocrinología de Centroamérica y Regiones. En mi rol dentro de APAL he tenido además la satisfacción de publicar mi primer artículo internacional en la última edición de su revista.
Link: https://www.pdffiller.com/s/5cbYVfoVq
La Psiquiatría de Precisión: Una Nueva Frontera
La inquietud más reciente que deseo compartir surgió luego de la experiencia en un workshop realizado en Cancún, en 2012, donde escuché, por primera vez, en una conferencia, el tema de la inflamación y su impacto en la Psiquiatría. Eso quedó como una semilla que renació a partir del 2016 cuando todo comenzó a adquirir forma: tuve acceso a los primeros exámenes de neurofarmacogenómica y empecé a estudiar el nuevo paradigma: La Psiquiatría de Precisión, que abrió nuevas posibilidades diagnósticas y terapéuticas.
Hace aproximadamente cinco años logré una integración más robusta del eje Cuerpo-Cerebro-Mente al incorporar a las pruebas neurofarmacogenómicas, las de DNA de Metilación, Neurotransmisores en orina, Marcadores inflamatorios y Neuro-inflamatorios, y estudios de Microbiota. Esta convergencia ha permitido establecer correlaciones cada vez más consistentes entre los síntomas de los pacientes y sus orígenes neurobiológicos.
Esto evoca, actualizadamente, lo que ya había mencionado Hipócrates (460 años a.c.) en sus teorías de los Humores (hoy Neurotransmisores) y lo que Freud profetizó en 1917, cuando abandonando sus estudios de neurociencia se dedica totalmente a profundizar el psicoanálisis, pero se despide planteando: “algún día, desde la biología de los órganos y la química del cerebro, se entenderán mejor los problemas psíquicos humanos; hoy la ciencia está muy lejos de poder hacerlo”.
En estos últimos años, junto con la Doctora Aneth Samudio, Pediatra-Genetista, hemos diseñado un protocolo que permite evaluaciones más precisas y orientación a tratamientos psicofarmacológicos más asertivos, integrados a los procesos psicoterapéuticos. A este protocolo lo hemos denominado Modelo JOTAHS de Psiquiatría de Precisión.
Con base en ese trabajo, presenté, junto con la Dra. Aneth Samudio, Médico Pediatra, panameña, MD PhD., especialista en Genética Médica y Genómica Integral, cocreadora de dicho Modelo, en la conferencia de Psiquiatría de Precisión: Aplicación de la Neurofarmacogenómica en la Práctica Clínica en Psiquiatría, durante el reciente Congreso de la Asociación Centroamericana y del Caribe de Psiquiatría (ACCAP), realizado en Panamá en marzo de este año.
Conclusión: una profesión convertida en identidad
Hoy puedo afirmarlo con serenidad: he hecho de la Psiquiatría mi forma de Ser.
Después de todos estos años, puedo decir que la Psiquiatría ha dejado de ser únicamente mi profesión para convertirse en mi manera de relacionarme con la realidad. Además de una especialidad médica; me dio un lenguaje para comprender el dolor emocional, una disciplina para estudiar la complejidad humana y una ética para acompañar a otros en sus travesías interiores.
Me siento profundamente agradecido por todo lo que he podido realizar como Médico, Psiquiatra, Psicoterapeuta y Coach. Junto a esos logros profesionales reconozco también las grandes bendiciones de vida: mi familia nuclear y de origen: mi bella esposa, mis tres maravillosos hijos, mis cuatro extraordinarios hermanos y, la mayor bendición, mis queridos padres, hoy de 89 y 92 años, ejemplos vivos de dedicación, entrega, amor y legado.
Si Dios me ofreciera de nuevo la posibilidad de elegir una vida, escogería esta misma, por todo el extraordinario aprendizaje y por estar llena de mucho sentido. Ha sido una vida poblada de estudio, vocación, gratitud, música y amor. Y todo ello me ha permitido convertirme en un profesional autorrealizado, y en un esposo, padre, hijo, hermano, amigo y ser humano profundamente feliz.
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