El traer un hijo al mundo es asunto de dos personas, un hombre y una mujer. No es un juego sino una gran responsabilidad. Sin embargo, en muchas ocasiones por distintas situaciones, la ausencia de la figura paterna deja una marca impactante tanto en las madres como en los hijos. Es aquí cuando la madre debe hacerse cargo de su crianza sin la presencia de la figura paterna.
Es común escuchar la expresión “Yo soy madre y padre de mis hijos”. Según los expertos en materia de Psicología y Trabajo Social esa doble figura no existe. O es padre o es madre, pero no puede asumir ambos roles. Es aquí donde entran dos conceptos: “madre soltera” y “padre soltero” según los conocedores de la materia.
En ambos casos los sacrificios y luchas son inmensos e innumerables: desde tener varios empleos porque el salario de uno solo no alcanza para suplir y cubrir las necesidades de sus hijos, salir a trabajar desde muy temprano, de madrugada, cuando los niños aún duermen y regresar tarde en la noche del trabajo cuando ya se han acostado. En ocasiones esas madres cuentan con la ayuda de algún familiar que las apoya, pero en otras no.
Hay mamás que por no contar con un empleo recurren al trabajo informal para buscar día tras día el sustento para ella y sus hijos. También si el padre de los niños ha fallecido, es ahí donde la madre asume el reto y la total responsabilidad de la crianza y toma la decisión de luchar contra viento y marea para educar bien a los niños.
Está claro que para ellas su más grande tesoro son sus hijos, aquellos por los que luchan incansablemente como guerreras, por ellos darían más que la vida sin importar los sacrificios y menos la ausencia física de un padre.
