En nuestra revista de noviembre tuvimos el placer de entrevistar a la Magister Isabella Viluce Lakas, quien es Psicóloga Clínica con especialización en Psicología de Niños y Adolescentes. Es fundadora y directora de “Espacio Serenia”, el cual ella describe como un espacio seguro para comprender, acompañar y crecer juntos. Su enfoque es muy cálido y profesional: habla de un lugar donde niños y adolescentes puedan ser escuchados en su desarrollo.
Bajo el lema “This is a SAFE SPACE to be who you are”, Isabella nos explica que el nombre de SERENIA proviene de serenidad y paz, y este es el motivo por el cual está en esta profesión y para poder transmitirle esos sentimientos a sus pacientes. Este espacio nace con el fin de ayudar a niños y adolescentes que hoy en día confrontan luchas internas a desahogar su silencio que es lo que más les afecta y también a exteriorizar sus sentimientos y así mejorar sus vidas.
Durante cada sesión con sus pacientes se ven casos de peleas familiares, divorcios de sus padres, bullying, autoestima etc.; detrás de cada niño hay un mundo de emociones que necesitan ser escuchadas. Nuestra entrevistada comenta que eligió trabajar con niños y adolescentes porque la infancia y la adolescencia son etapas fundamentales en el desarrollo emocional y psicológico de una persona. Afirma que le apasiona poder acompañarlos en el proceso de conocerse, comprender sus emociones, fortalecer su autoestima y desarrollar herramientas que les permitan afrontar los desafíos de la vida.
Para ella es muy significativo poder ser parte de ese proceso y contribuir a que crezcan sintiéndose escuchados, comprendidos y seguros de sí mismos. Con tal de mejorar la calidad de vida emocional de un niño, siento que ya hice mi trabajo. De acuerdo con la psicóloga, actualmente, entre los motivos más frecuentes que trata en su consultorio están los casos de ansiedad, dificultad para regular las emociones, problemas de conducta, baja autoestima y dificultad en las relaciones sociales, incluyendo situaciones de bullying.
Asegura ver también casos relacionados con el rendimiento académico, la atención, los conflictos familiares y los cambios que atraviesan los adolescentes durante esta etapa del desarrollo. Además, considera importante destacar que detrás de una conducta que preocupa a los padres puede existir una necesidad emocional que el niño o adolescente todavía no sabe cómo expresar.
Es por eso, reafirma, que su trabajo no consiste solamente en abordar la conducta, sino en comprender qué está sintiendo, qué necesita y qué herramientas puede brindarles para favorecer su bienestar emocional y su desarrollo integral. Considera que es fundamental involucrar a los padres en el proceso terapéutico porque son una parte importante del entorno del niño o del adolescente. Desde el inicio del proceso les explica la importancia de la confidencialidad y sus límites, respetando la privacidad del paciente.
A través de este proceso su objetivo es brindarles herramientas y estrategias aplicables en casa para acompañar su proceso, sin necesidad de compartir detalles de lo tratado durante la consulta. También es del pensamiento de que la terapia es un trabajo en equipo, ya que los cambios no solo se dan durante la sesión, sino que también deben reforzarse en casa.
Por esta razón, orienta a los padres sobre cómo poner en práctica lo trabajado en consulta, manteniendo el equilibrio entre su participación y la confianza del niño o adolescente. Busca que se sientan escuchados, seguros y acompañados, mientras sus familias se convierten en aliadas para favorecer cambios significativos y duraderos.
Al cuestionar sobre cuáles son las principales señales de alerta que podrían llevar a una familia a buscar ayuda profesional con su niño o adolescente señala que es cuando los padres comienzan a notar cambios importantes en el comportamiento o en el estado emocional de sus hijos. Estos cambios se dan de forma diferente tanto en niños como en adolescentes.
Lo importante es, prestar atención a la frecuencia e intensidad y cuánto afectan esos cambios su vida diaria. Para ella, pedir apoyo psicológico no significa que algo esté mal con el niño o adolescente, sino que están en busca de las herramientas necesarias para comprenderlos y acompañarlos de la mejor manera.
