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MÁS ALLÁ DE CURAR

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Una mirada personal sobre prevención, salud integral y el propósito de cuidar antes de enfermar. Una portada que siento que tiene un propósito

Ser la portada de la edición de octubre de la revista Selecta no lo siento como una casualidad.

Octubre es un mes que, de alguna manera, conecta profundamente con lo que hago y con el mensaje que he elegido llevar desde mi profesión: LA PREVENCIÓN. 

Como mujer y médica, enfocada en la salud integral y preventiva, el mes de octubre me invita a hablar especialmente de la salud femenina y de la importancia de prevenir, sobre todo cuando hablamos del cáncer de mama.

Sabemos que el cáncer de mama también puede presentarse en hombres, aunque es mucho más frecuente en mujeres, y que el color rosa se ha convertido en un símbolo mundial de esta causa. Pero más allá del color, octubre nos recuerda algo que debería acompañarnos durante todo el año: la importancia de conocer nuestro cuerpo, nuestros factores de riesgo y las herramientas que tenemos para cuidar nuestra salud.

Por eso, cuando recibí la invitación de la revista Selecta para formar parte de esta edición, me emocioné. No solo por la gratitud de que se hubieran fijado en mi trabajo, sino porque lo sentí como una nueva oportunidad para llegar a más personas con un mensaje que para mí es fundamental.

Una nueva forma de educar.

Una nueva forma de comunicar.

Una nueva forma de acompañar.

Quizás esta portada sea también un recordatorio de que el camino que he elegido tiene un propósito: seguir hablando de salud, seguir creando conciencia y ayudar a las personas a tomar mejores decisiones antes de que aparezca la enfermedad.

Y si algo he aprendido a lo largo de mi propia historia es que no siempre podemos elegir cómo comienzan las cosas, pero sí podemos decidir qué hacemos con las oportunidades que encontramos en el camino.

Esta es una de ellas.

Y de eso precisamente quiero hablar.

De ir más allá de curar.

1. Más allá de curar

¿Y si la medicina no comenzara cuando aparece la enfermedad?

Durante nuestra formación aprendemos a entender la medicina desde una lógica muy clara: identificar qué ocurre, establecer un diagnóstico y encontrar el tratamiento adecuado, y sin duda, esa capacidad de diagnosticar, tratar y aliviar ha transformado la vida de millones de personas.

Pero hoy sabemos que la medicina puede hacer mucho más. Puede mirar hacia adelante; identificar factores de riesgo antes de que aparezca una enfermedad y ayudarnos a comprender nuestro cuerpo, a modificar hábitos, a detectar alteraciones tempranas y, sobre todo, a tomar decisiones que pueden cambiar nuestra trayectoria de salud.

Para mí, ahí comienza el verdadero significado de ir más allá de curar.

Curar es indispensable: pero prevenir puede cambiar una historia antes de que necesitemos curarla.

La medicina preventiva ha cobrado cada vez más importancia porque muchas de las enfermedades que afectan nuestra calidad de vida no aparecen de un día para otro, se van construyendo silenciosamente a través de los años, influenciadas  por factores genéticos, ambientales y, en muchos casos, por aquello que hacemos todos los días: cómo nos alimentamos, cuánto nos movemos, cómo dormimos, cómo manejamos el estrés, nuestro consumo de alcohol y tabaco, nuestro peso, nuestra composición corporal y la forma en que acompañamos los cambios propios de cada etapa de la vida.

Prevenir no significa vivir con miedo a enfermar; ignifica tener información suficiente para tomar mejores decisiones.

Y creo que ese es uno de los grandes retos de la medicina actual: conseguir que las personas no lleguen al consultorio únicamente cuando algo les duele o cuando un examen ya muestra una alteración, sino que entiendan que cuidar la salud es un proceso que comienza mucho antes.

Esta manera de entender y querer ejercer y enfocar mi practica medica no apareció de un día para otro en mi vida; es el resultado de una historia personal, de muchas decisiones, de algunos comienzos inesperados y de una pregunta que me he hecho una y otra vez: ¿cómo puedo utilizar mi profesión para aportar algo realmente positivo a la vida de las personas?

La respuesta me ha llevado hasta donde estoy hoy.

2. ¿Quién soy?

Soy la Dra. Loa Figueras.

Nací en Guantánamo, Cuba, en una familia donde la medicina siempre estuvo muy presente. Mi padre era médico y ha sido una figura fundamental en nuestra familia; mi hermano también eligió este camino y mi madre es máster en Economía y Finanzas.

En 1996, mis padres decidieron emigrar a Costa Rica buscando nuevas oportunidades y un mejor futuro para nosotros; así que ese cambio significó también comenzar una nueva etapa de mi vida en otro país.

A de los cambios, hubo algo que siempre estuvo presente: la imagen de mi padre ejerciendo la medicina; una profesión que, en Cuba, se vive de una manera muy particular. Como neonatólogo, dedicaba gran parte de su tiempo al cuidado de bebés recién nacidos, acompañando también a sus familias en uno de los momentos más vulnerables y trascendentales de sus vidas. Lo veía cumplir sus turnos, asumir cada caso con enorme responsabilidad y entregar a su profesión mucho más que horas de trabajo, pero, sobre todo, recuerdo la satisfacción que sentía cuando podía ayudar a que un bebé a recuperar su salud y creo que esa imagen fue construyendo en mí, poco a poco, la idea de que la medicina podía ser también mi manera de servir.

Siempre he tenido una personalidad muy orientada a ayudar. De hecho, antes de decidirme por Medicina tuve una pequeña duda. Me gustaba tanto la idea de ayudar y defender a las personas que durante un tiempo pensé que quizás podía estudiar Derecho.

Buscando una respuesta, realicé una orientación vocacional. Las pruebas y la conversación con el especialista terminaron confirmando algo que, quizás, en el fondo ya sabía: si me apasionaba la ciencia y quería dedicar mi vida a ayudar a otros, la Medicina podía ser mi lugar y decidí intentarlo.

Cuando todavía estaba en el colegio, mi familia emigró a Costa Rica buscando nuevas oportunidades. Allí terminé mis estudios y posteriormente estudié Medicina.

Fue una etapa de mucho aprendizaje, también con limitaciones y sacrificios, pero finalmente logré graduarme y comenzar a construir mi vida profesional.

Y entonces la vida volvió a sorprenderme.

3. Cómo llegué a ser la médica que soy hoy

Durante un viaje a Panamá, al que había venido de visita, conocí a mi esposo, también cubano un día antes de regresarme a Costa Rica; comenzamos a hablar y, con el tiempo, esa conversación se convirtió en una relación, Un año después llego una propuesta de matrimonio y Panamá se convirtió en mi nuevo hogar cambiando nuevamente el rumbo de mi vida.

Me vine a Panamá, formé mi familia y me convertí en mama de dos hijos; un niño y una niña; ellos también pasaron hacer parte fundamental de las decisiones que tomaría a partir de ese momento. Al mismo tiempo tenía un objetivo muy claro: revalidar mi título y volver a ejercer la medicina.

Pero comenzar nuevamente nunca es sencillo.

Tuve que adaptarme a un nuevo país, a un sistema diferente y atravesar, además, una pandemia. Mientras tanto, mi vida también había cambiado: ya tenía una familia y nuevas responsabilidades. Hubo momentos de incertidumbre y de cansancio, pero también encontré personas que creyeron en mí, me acompañaron y me ayudaron a seguir adelante.

Finalmente llegó la revalida y con ella, una nueva pregunta. Siempre había pensado en hacer una especialidad; sin embargo, analizando mi realidad ya habían pasado varios años y mi realidad personal y profesional eran diferentes, sentí que estaba en una etapa diferente de mi vida. Comenzar una especialidad significaba volver a entrar en un proceso de varios años de formación con un compromiso importante de tiempo y dedicación, justo en una etapa en la que ya tenía una familia y no contaba en Panamá con una red familiar cercana que pudiera apoyarme en el cuidado de ellos y para mí también era importante estar presente.

No se trataba de pensar que era tarde para seguir creciendo profesionalmente, sino de reconocer mi realidad y encontrar una manera diferente de hacerlo. Entonces entendí que mi camino podía tomar otra dirección y que, como médico general, también podía construir una práctica en la que pudiera diferenciarme y aportar algo realmente valioso a la salud de mis pacientes.

No se trataba de pensar que era tarde para seguir creciendo profesionalmente; al contrario, sabía que todavía tenía mucho por aprender y aportar. Se trataba de reconocer que mi camino podía ser diferente y preguntarme cómo podía construir una práctica médica que tuviera sentido para mí, para mi familia y, sobre todo, para mis pacientes.

No quería renunciar a mi crecimiento profesional, pero tampoco quería sentir que tenía que elegir entre mi profesión y mi vida personal.

Entonces me hice una pregunta muy sencilla:

Si voy a ejercer como médico general, ¿cómo puedo diferenciarme y aportar algo realmente valioso?

La respuesta estaba en un área que cada vez me apasionaba más: la prevención.

Decidí enfocar mi formación en salud preventiva, medicina del estilo de vida, metabolismo, salud cardiometabólica, y continuar ampliándola hacia áreas como la longevidad y el envejecimiento saludable.

Así fui construyendo mi propio camino.

No desde la idea de hacer menos, sino desde la intención de hacer algo diferente.

Hoy mi práctica busca mirar a la persona de manera integral. Me interesa saber qué está ocurriendo detrás de un resultado de laboratorio, de un aumento de peso, de una alteración metabólica o de un síntoma. Me interesa conocer sus hábitos, su alimentación, su actividad física, su sueño, su composición corporal, sus factores de riesgo y también aquello que quiere cambiar.

Porque una consulta médica no debería ser únicamente el lugar donde alguien recibe una receta, debería ser también un espacio donde aprende, donde pregunta, donde comprende, donde encuentra herramientas para tomar mejores decisiones.

No siempre podemos elegir cómo comienza nuestro camino, pero sí podemos decidir qué hacemos con él.

Esa frase resume mucho de mi propia historia y también mi manera de entender la medicina.

4. Mi otra forma de llegar a las personas

Siempre me ha gustado comunicar.

Quizás porque descubrí que ayudar a una persona en consulta tiene un impacto enorme, pero compartir conocimiento puede multiplicar ese impacto y llegar a muchas más personas.

Por eso, hace algunos años decidí abrir también una puerta a través de las redes sociales.

Recuerdo perfectamente que al principio tenía miedo. No sabía si alguien quería escucharme, si lo que tenía para decir podía aportar algo o si sería capaz de mostrarme frente a una cámara como realmente soy; pero poco a poco fui perdiendo ese miedo.

Aprendí que no necesitaba convertirme en otra persona para comunicar. Solo necesitaba ser yo y hablar de aquello que amo: la medicina y la salud.

Hoy tengo una comunidad que me acompaña y que me ha permitido entender que la educación en salud puede ir mucho más allá de las paredes de un consultorio.

He tenido la oportunidad de participar como speaker en congresos nacionales, compartir conocimientos en charlas empresariales y crear espacios especialmente dirigidos a mujeres.

He realizado eventos para mujeres con un mismo propósito: acercar información de salud de una manera clara, práctica y basada en evidencia, y brindar herramientas que les permitan sentirse más seguras y protagonistas de sus propias decisiones.

La receptividad que he encontrado en estos espacios ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi carrera, porque cuando una persona entiende lo que está pasando en su cuerpo, cambia la manera en que se relaciona con su salud.

Y esto es especialmente importante en las mujeres.

Una mujer que conoce sus factores de riesgo, que entiende sus cambios hormonales, que sabe cuándo debe consultar, que conoce la importancia de cuidar su corazón, sus huesos, su metabolismo y su salud mental, tiene más herramientas para tomar decisiones.

Cuando una mujer entiende su cuerpo, deja de sentirse espectadora de su salud y comienza a convertirse en protagonista.

Esa es una de las razones por las que disfruto tanto comunicar.

Mi trabajo no termina cuando el paciente sale del consultorio.

También quiero que el mensaje llegue a quien todavía no ha decidido consultar, a quien está posponiendo un chequeo, a quien piensa que sentirse cansado todo el tiempo es normal, a quien cree que después de cierta edad ya no puede cambiar su composición corporal o a quien simplemente necesita recordar que cuidar su salud también es una forma de quererse.

5. Cuando prevenir cambia el rumbo

La prevención se convirtió en el centro de mi trabajo, pero entendí que prevenir no significa simplemente decirle a una persona que coma mejor y haga ejercicio.

La prevención moderna requiere comprender los factores que determinan la salud de una persona y cómo interactúan entre sí.

Por eso me he formado en áreas como salud preventiva, medicina del estilo de vida, metabolismo, obesidad y salud cardiometabólica, y continúo actualizándome en áreas relacionadas con longevidad y envejecimiento saludable.

Vivimos en un momento en el que la obesidad, la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y otros trastornos metabólicos representan grandes desafíos para la salud pública. Pero también vivimos una época en la que tenemos más herramientas que nunca para identificar riesgos y actuar antes.

Hoy podemos evaluar mucho más que el peso. Podemos observar la composición corporal, la masa muscular, la distribución de la grasa, la presión arterial, la glucosa, el perfil lipídico y otros marcadores que, interpretados dentro del contexto de cada persona, nos permiten tener una visión más completa de su salud.

Y esto es importante porque dos personas con el mismo peso pueden tener perfiles metabólicos completamente diferentes.

Por eso no creo en fórmulas universales.

No todos necesitan lo mismo.

No todos responden igual.

No todos tienen los mismos antecedentes, los mismos hábitos, la misma edad, la misma composición corporal ni los mismos objetivos.

Mi trabajo consiste en acompañar ese proceso de manera individualizada.

Y hay algo que para mí es fundamental: no quiero que mis pacientes dependan de mí para cuidar su salud. Quiero que aprendan a hacerlo.

Mi objetivo es brindarles conocimiento y herramientas para que puedan participar activamente en las decisiones relacionadas con su bienestar; porque el verdadero cambio no ocurre cuando una persona recibe una lista de instrucciones, ocurre cuando comprende, cuando encuentra una razón para cambiar, cuando ese cambio deja de sentirse como una obligación y comienza a formar parte de su vida.

Prevenir tampoco significa intentar controlar absolutamente todo. Existen factores genéticos, antecedentes familiares y circunstancias que no podemos modificar, pero precisamente porque no podemos controlarlo todo, debemos aprender a actuar sobre aquello que sí está en nuestras manos.

La salud se construye en gran medida en las decisiones pequeñas que repetimos durante años y muchas veces esas decisiones parecen insignificantes hasta que un día nos damos cuenta de que han construido nuestra calidad de vida.

6. Octubre: una oportunidad para hablar de prevención

Cada octubre el mundo se viste de rosa para hablar, informarnos y recordarnos la importancia de la lucha contra el cáncer de mama y sobre todo la importancia de la detección temprana.

Pero para mí, octubre también representa una oportunidad para tener una conversación mucho más amplia: la prevención no debería durar un mes.

El cáncer de mama es uno de los cánceres más frecuentes en las mujeres y su impacto va mucho más allá de la enfermedad.  Afecta a hombres, mujeres, familias, parejas, hijos y comunidades enteras, por eso es tan importante conocer nuestros factores de riesgo, mantener los controles médicos correspondientes y realizar las pruebas de detección recomendadas de acuerdo con nuestra edad, antecedentes y nivel de riesgo.

La detección temprana puede marcar una diferencia importante en el manejo de la enfermedad, pero también debemos entender que prevenir no significa únicamente detectar; significa cuidar nuestra salud de manera integral.

Existen factores que no podemos modificar, como la edad, determinados antecedentes familiares o ciertos factores genéticos. Pero también existen factores relacionados con nuestro estilo de vida que podemos trabajar.

Mantenernos físicamente activos, cuidar nuestro peso y nuestra composición corporal, evitar el tabaquismo, limitar el consumo de alcohol y mantener hábitos saludables son parte de una estrategia global de prevención que beneficia no solamente la salud mamaria, sino también la cardiovascular, metabólica y general.

Hay una forma sencilla que enseño a mis pacientes y que hoy quiero dejar aquí, porque es fácil de recordar. Es una regla de tres palabras que quiero tengan presente:

MTC:

 Mirar

 Tocar  

 Consultar 

Porque conocer nuestro cuerpo también es una forma de prevenir.

Mirar observa tus mamas y presta atención a cambios en su forma, tamaño o simetría, alteraciones de la piel, hundimientos, cambios en el pezón o secreciones inesperadas.

Tocar: conoce cómo se sienten normalmente y presta atención a la aparición de un bulto, un endurecimiento o cualquier cambio diferente a lo habitual, incluyendo la zona de las axilas.

Consultar: si encuentras algo nuevo o que te preocupa, no esperes. Consulta con tu médico.

Y algo muy importante: conocer nuestras mamas no sustituye los controles médicos ni las pruebas de detección recomendadas según la edad y el riesgo individual.

Por eso creo que el mensaje de octubre debe ir más allá del lazo rosa.

Debe preguntarnos:

¿Qué estoy haciendo hoy para cuidar mi salud?

¿Estoy realizando mis controles?

¿Conozco mis antecedentes familiares?

¿Sé cuáles son mis factores de riesgo?

¿Estoy cuidando mi alimentación?

¿Me estoy moviendo?

¿Estoy durmiendo?

¿Estoy atendiendo mi salud mental?

¿Estoy esperando a tener un problema para consultar?

La prevención no consiste en vivir pensando en todas las enfermedades que podríamos desarrollar.

Consiste en entender que tenemos una oportunidad de actuar antes.

Y esto aplica a muchas otras condiciones.

La salud cardiovascular, la diabetes tipo 2, la obesidad, la pérdida de masa muscular, la osteoporosis y muchas enfermedades crónicas también requieren que cambiemos nuestra manera de pensar.

No podemos esperar a que el cuerpo nos obligue a prestar atención, tenemos que aprender a escucharlo antes.

Octubre nos recuerda el cáncer de mama, pero el verdadero mensaje debería acompañarnos durante todo el año: cuidarnos no es una reacción frente a la enfermedad; es una decisión que podemos tomar mucho antes.

No siempre podemos elegir cómo comienza nuestro camino

Cuando miro hacia atrás, veo una historia llena de comienzos.

Nací en Cuba.

Crecí en una familia que me enseñó el valor de la vocación y del servicio.

Emigré.

Estudié Medicina en otro país.

Construí una vida.

Me casé.

Llegué a Panamá.

Formé una familia.

Tuve que comenzar nuevamente.

Revalidé mi título.

Atravesé una pandemia.

Encontré personas que creyeron en mí.

Y poco a poco fui construyendo una nueva versión de mi vida profesional.

Hoy tengo un consultorio, una comunidad y una manera de ejercer la medicina que quizás no era exactamente la que imaginé cuando era estudiante, pero es la que hoy siento que tiene sentido para mí.

Y quizás por eso creo tanto en la prevención.

Porque prevenir también es reconocer que todavía estamos a tiempo de escribir una historia diferente.

No podemos cambiar nuestra genética.

No podemos borrar nuestros antecedentes.

No podemos controlar todas las circunstancias que la vida pone en nuestro camino.

Pero sí podemos decidir qué hacemos con la información que tenemos.

Podemos decidir comenzar a movernos.

Podemos decidir alimentarnos mejor.

Podemos decidir dormir más.

Podemos decidir hacernos un chequeo que hemos estado posponiendo.

Podemos pedir ayuda.

Podemos aprender.

Podemos cambiar.

Podemos empezar nuevamente.

Y quizá esa sea la idea que más quiero dejar con este artículo.

No siempre podemos elegir cómo comienza nuestro camino, pero sí podemos decidir qué hacemos con él.

Como médica, mi propósito no está solamente en tratar aquello que ya ocurrió.

Está también en ayudar a las personas a construir aquello que todavía está por venir.

Porque más allá de curar está prevenir.

Más allá de diagnosticar está comprender.

Más allá de prescribir está educar.

Y más allá de tratar está acompañar.

Eso es, para mí, la medicina.

Y esa es la historia que sigo escribiendo.

Dra. Loa

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