A veces, la vida nos detiene sin previo aviso. Nos obliga a mirar hacia adentro, a cuestionar lo que somos y lo que soñamos. Para Reina de Gracia, ese momento llegó con una llamada inesperada: su despido. Después de más de cinco años de trabajo formal en empresas privadas, el desempleo no fue solo una pérdida económica, fue una sacudida emocional. “Sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies”, recuerda. El miedo a lo desconocido se instaló con fuerza, y por un instante, todo pareció desmoronarse.

Pero en medio del silencio y la incertidumbre, algo comenzó a despertar. Un proyecto que había nacido en tiempos de pandemia, mientras cursaba su técnico en Supervisión Educativa, empezó a cobrar vida. Lo que parecía una simple tarea académica se convirtió en una semilla de propósito. Con valentía y dedicación, Reina decidió apostar por lo que realmente la movía: educar desde el amor.
Con lo poco que tenía, acondicionó un rincón de su hogar para ofrecer tutorías escolares. Lo hizo con ternura, pensando en cada niño que cruzaría su puerta. Poco a poco, las familias de su comunidad comenzaron a confiar en ella, a entregarle lo más valioso: sus hijos. Con cada sonrisa, con cada logro, Reina se reafirmaba en su vocación. Y aunque los ingresos eran modestos, trazó una meta ambiciosa: crecer en un año. Arriesgó su liquidación, construyó un salón, luego otro, y finalmente un tercero para actividades extracurriculares. Así nació oficialmente el Proyecto Saeb, en marzo de 2023.
Transformar su hogar en un espacio educativo no fue fácil. Escuchó voces que dudaban de ella, que le sugerían buscar un “trabajo de verdad”. Pero Reina eligió avanzar en silencio, confiar en sus capacidades, organizar cada rincón y enseñar a sus hijos que, aunque mamá está en casa, también tiene horarios, responsabilidades y sueños que cumplir. El equilibrio entre familia, universidad y emprendimiento fue desafiante, pero con fe y disciplina, todo comenzó a fluir.
Desde niña, Reina sintió una inclinación natural hacia la enseñanza. Pero fue la experiencia con su hijo mayor —quien presentaba necesidades educativas especiales— lo que la impulsó a formarse con mayor profundidad. En casa, enseñó a sus hijos a leer y escribir con juegos, canciones y dinámicas lúdicas. En ese proceso, descubrió una vocación genuina por la educación inclusiva.
Hoy, como estudiante avanzada en la Universidad Especializada de las Américas (UDELAS), sede Colón, Reina ha encontrado herramientas sólidas que enriquecen su labor diaria. Su excelencia académica le ha valido una beca que le permite continuar sus estudios sin preocupaciones económicas, reafirmando su compromiso con una educación transformadora.
En su centro, Reina brinda tutorías a niños con y sin necesidades especiales. Les ofrece reforzamiento académico, supervisión de tareas y los ayuda a descubrir sus fortalezas. Para los padres, es una aliada que les permite llegar a casa y disfrutar tiempo de calidad con sus hijos, sin la carga de las tareas escolares.
Para Reina, educar desde el amor es mucho más que enseñar contenidos. Es reconocer en cada niño un universo único, acompañarlo con empatía y sembrar confianza. Su lema es claro: avanzar ante las dificultades, transformarlas en oportunidades y tocar vidas desde lo más profundo.
Una historia que la ha marcado es la de los niños que llegan cada día a su programa. Hijos de padres trabajadores que necesitan acompañamiento constante. Ver cómo crecen, cómo se liberan del miedo y fortalecen su autoestima, es lo que le da fuerzas para seguir. “Ellos tienen un potencial enorme, solo necesitan que alguien los acompañe a descubrirlo”, afirma.
Desde que decidió emprender, Reina ha vivido un proceso profundo de autodescubrimiento. Ha reconocido en sí misma una fuerza que no sabía que tenía: fortaleza, valentía y resiliencia. Aprendió que el miedo no debe ser un freno, y que, con fe, esfuerzo y convicción, los sueños pueden hacerse realidad.
Hoy, Reina se reconoce como una emprendedora comprometida y una agente de cambio en su comunidad. Su crecimiento ha sido acompañado por organizaciones que creen en el poder transformador de las mujeres, como Chilibre Construye, Fundación IST, Fundación Trenco y la Junta Comunal de Chilibre, quienes han sido aliados clave en su formación y proyección.
A quienes han perdido su empleo, Reina les extiende una verdad que brota desde lo más profundo de su experiencia: no es el final, es el renacer. Es el momento de mirar hacia adentro, de confiar en los talentos que habitan en el alma, de reconectar con lo que enciende el corazón y de desempolvar sueños que alguna vez fueron postergados. El camino no será fácil; habrá dudas, tropiezos y días grises. Pero si se avanza con coraje, con fe y con la convicción de que cada paso cuenta, los frutos llegarán. Y cuando lo hagan, se celebrarán con lágrimas de orgullo, porque no hay victoria más grande que la que nace del acto valiente de reinventarse.
Redacción Delsis Gudiño y Viviana Hanoui
