Leer es la forma más bonita de viajar sin moverte. Solo necesitas abrir un libro y deja que las páginas hagan el resto. El viaje inicia con una lectura curiosa. Entrar a una librería te hace perderte entre estantes y góndolas repletas de libros. Tocas tapas duras y blandas, las portadas y contraportadas hacen que descubras diferentes géneros literarios, títulos y autores desconocidos para ti.
Un ensayo te muestra el mundo tal cual es. Una novela te introduce en otra vida. Leer es abrir ventanas y entra gente nueva, ideas nuevas, países nuevos. Hay momentos en que la lectura se vuelve pausa, tranquilidad, paz y compañía. Con ella desbordas emociones escondidas y hasta te concentras de tal forma que sientes que eres parte de ese libro que captó tu atención.
En el parque, en la sala, en la terraza, con un café o chocolate caliente al lado. En la recámara, minutos antes de ir a dormir, es un buen recurso relajante que te hace conciliar tu sueño de forma placentera. Un libro de cuentos te recuerda de dónde vienes, una biografía se sienta a conversar con alguien que cambia todo.
Leer es estar acompañado, de voces que te susurran al oído, De noche la lectura es luz. Con lámpara y silencio. La poesía te desarma, el misterio te quita el sueño, la ciencia ficción te lleva a entornos donde el tiempo transcurrido es distinto. De noche leer es atreverse: a pensar, a sentir, a dudar, a imaginar.
No importa cuántas páginas son, ni el género literario, ni tus gustos por la lectura. Un libro es un boleto. A veces a un destino diferente, algunas veces a una nueva versión de ti. Porque viajar a través de la lectura no te cambia de lugar. Te cambia a ti. Y cuando cierras la última página regresas diferente.
