Vuelvo a ponerme en el lugar de aquellos que atraviesan la dura batalla contra el
cáncer, una enfermedad que no solo afecta a quienes la padecen, sino que también
deja profundas huellas en sus hogares. Cada historia refleja la lucha, la resiliencia y
la necesidad de mantener viva la esperanza.

La cinta rosada, creada en 1991 por la periodista Evelyn Lauder y la editora de la
revista Self, Alexandra Penney, se ha convertido en un símbolo universal de la
concienciación y detección temprana del cáncer de mama. Por su parte, la cinta
celeste, promovida desde inicios de los 2000, representa la lucha contra el cáncer
de próstata, recordándonos que también los hombres deben asumir con
responsabilidad sus chequeos médicos.
En Panamá, reconozco con gratitud el compromiso de instituciones como el
Instituto Oncológico Nacional, la Caja de Seguro Social y el Ministerio de Salud,
que desempeñan un papel crucial en la atención y prevención. También es justo
destacar a organizaciones como Fundacáncer y ANCEC, que con dedicación
brindan apoyo, orientación y acompañamiento a miles de pacientes y familias.
Hoy más que nunca, reitero mi llamado: no dejemos que los mitos, los temores o
los prejuicios nos impidan realizarnos los exámenes de detección temprana. La
prevención es la herramienta más poderosa para enfrentar estos dos tipos de cáncer
que, cada año, cobran miles de vidas en el mundo.
Nunca dejen de abrazar la esperanza, de fortalecer la unión familiar y de confiar en
el apoyo médico. La lucha contra el cáncer no es individual: es un compromiso de
todos
